Carta Abierta a las Mujeres Chilenas 8 de Marzo – Día Internacional de la Mujer
Cuando numerosas voces se dirigen a la mujer, nosotras, levantamos nuestra palabra que nos hermana aún en la diferencia.
PALABRA que conoce de discriminación, de silencio, de represión, de violencia, de olvido; por ello no es casualidad que durante tantos años, la mujer haya hecho escuchar su voz y lo hiciera desde la defensa de los derechos humanos, desde las organizaciones de subsistencia, desde los grupos de mujeres y desde otras organizaciones sociales y políticas.
PALABRA que acusa una jornada de trabajo que excede por mucho las ocho horas, que en muchos casos no conoce de feriados ni vacaciones, que se hace doblemente pesado cuando la mujer “sale a trabajar” o cuando recibe trabajo en su casa, que no tiene derecho a seguridad social y que es subvalorado social y económicamente.
PALABRA que acusa discriminación en el acceso a distintos trabajos, en el monto de los salarios (mano de obra barata), en las condiciones contractuales (no ser casada, no tener hijos), en la clasificación de trabajos “femeninos” y “masculinos”.
PALABRA que acusa una estructura familiar que se basa en la jerarquía de sus miembros (sexo, edad) y en la división de tareas que conduce a roles complementarios valorados desigualmente.
PALABRA que acusa una socialización que reproduce y perpetúa la desigualdad de sexos.
PALABRA que acusa un sistema educativo que forma a la mujer y al hombre en distintas habilidades y capacidades, negando a uno lo que el otro recibe (mujer: intuitiva, sentimental / hombre: racional, fuerza física).
PALABRA que acusa a los medios de comunicación de masas de contribuir a una visión de la mujer como objeto sexual.
PALABRA que acusa una violencia especifica que se fundamenta en la humillación del más débil, que culpa a la victima y que debe ser silenciada por “el qué dirán”, que en muchos casos sus hechores son conocidos de la victima, que tiene múltiples caras: violación, golpes, prostitución, pornografía.
PALABRA que acusa una atención médica deficitaria en los sectores populares, que tiene un “poder casi mágico” que se basa en el uso de un lenguaje para “iniciados”.
PALABRA que acusa “el derecho de otros” para decidir el cuando y cuanto de los hijos.
PALABRA que acusa la muerte de miles de mujeres anualmente por abortos inducidos.
PALABRA que acusa el ejercicio de la maternidad, crianza y educación de los hijos como responsabilidad casi exclusiva de la mujer.
PALABRA que acusa una sexualidad llena de prejuicios, miedos, culpas, silencios.
PALABRA que acusa la desigualdad ante la ley entre hombre y mujer, especialmente en la sociedad conyugal.
PALABRA que acusa discriminación en el acceso a los puestos de importancia de conducción, de decisión, de perfeccionamiento en los distintos niveles de vida social, económica y política.
PALABRA que acusa la división entre lo femenino y lo masculino, entre el mundo doméstico / privado, personal / y el mundo publico / político, social.
PALABRA que exige una sociedad donde hombres y mujeres pobres y ricos; negros, amarillos; indígenas y blancos; militares y civiles; niños, jóvenes y viejos sean iguales con los mismos derechos y obligaciones tanto en la ley como en la costumbre / cultura.
PALABRA que exige que se tomen las medidas necesarias: legales y educacionales, culturales y económicas que permitan terminar con todo tipo de discriminaciones y violencias.
PALABRA que exige la construcción de una sociedad que se base en la igualdad, en el respeto a los derechos humanos, en una economía solidaria y redistributiva, en definitiva una sociedad de amor.
PALABRA que acusa, exige y que se compromete a construir una sociedad de todos, desde la escuela, de las movilizaciones, la familia, el trabajo, la política, la ciencia…
Desde la base social se construye la verdadera Ética, Esperanza y Solidaridad para avanzar.
Por la Unidad de la Izquierda Social, Comunitaria, Luchadora y Consecuente.