Mediante la edición de estos Cuadernos para la reflexión y el debate, la Comisión Congreso de la Izquierda Cristiana busca contribuir a la difusión de ideas y propuestas de diversos compañeros, sobre distintas materias de interés, al servicio de la elaboración de una propuesta programática del partido.
Mayo de 2010
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Aportes para una discusión programática
Hoy día se vive a nivel planetario el inicio de una época catastrófica. No podemos soslayar dos situaciones muy palpables: 1) el calentamiento global, que sabemos ha empezado a provocar estragos, independientemente de que sea producto del accionar del hombre o producto de un ciclo de la naturaleza, y 2) la voracidad de la actual etapa del desarrollo capitalista, en la que el consumo desmedido y el agotamiento de los recursos naturales; el hambre y la muerte; la destrucción y las guerras, han crecido y se han masificado como nunca antes en la historia de la humanidad.
Y da la casualidad que todos estos males y desgracias se manifiestan solamente en los países del llamado Tercer Mundo y en ningún país del que llaman del primer mundo, que son los dueños y fabricantes de armas y guerras y los más grandes consumidores de la energía y las materias primas de ese tercer mundo. A esto se agrega que, por otra pequeña casualidad, ninguno de ellos sufre o vive ninguna de aquellas atrocidades.
Por su parte, América latina sufre estas mismas atrocidades, con la sola excepción de la guerra (pero no existe ninguna duda que cuando sea necesario la provocará).
Chile, este pequeño y triste territorio, no escapa a estas calamidades, ni a las que vendrán.
Por esto, no sólo es un imperativo moral, sino también lógico y racional, intentar solucionar los problemas de ahora con una visión política, cultural, social y económica que también evite o disminuya el caos y la destrucción que nos depara el futuro.
Durante siglos, el camino de la humanidad se ha guiado por los imperativos económicos, tanto en el campo del capitalismo como en llamado socialismo real. Se han elaborado conceptos como “desarrollo”, “crecimiento”, etc., que han devenido en pura ideología para justificar la acumulación, ya sea privada o estatal, la depredación de la humanidad y de la naturaleza, ya que en definitiva el hombre siempre ha podido producir más de lo que necesita.
Creemos que a todos los problemas actualmente nos enfrentamos, y a los que vendrán, hay que encontrarles solución a través de la política en su más profunda y amplia expresión.
En el caso de nuestro país y en el contexto latinoamericano, deberíamos partir por la organización política–jurídica–administrativa que permita la más amplia democracia desde la base, así como la distribución del poder a y desde las pequeñas comunidades.
Nuestro proceso debería apuntar en dos direcciones: la primera es hacia una nueva visión de la política, la cultura, la economía, etc., que quede afianzada en una nueva Constitución y en nuevas Instituciones que aseguren un nuevo devenir para los seres humanos; y la segunda, hacia la creación de propuestas para esta nueva Constitución, y a partir de estas mismas elaborar un programa mínimo que nos sirva, en la primera etapa, para aglutinar y acumular fuerzas para ir a la batalla final de construir un nuevo país.
Decíamos que durante siglos nos hemos guiados por la economía. Hoy debemos hacerlo por el camino de la política. Y cuando decimos esto, lo que estamos diciendo es algo muy simple: que primero todos discuten y acuerdan como queremos vivir y, en función de ese querer vivir, se planifica la cultura, la educación, la organización jurídica, política, social, y la economía comunal, regional y nacional, para esa forma y querer de vida.
Siempre se ha creído que la gente, el pueblo, está confuso y no sabrá lo que quiere. Sin embargo, desde lo individual y desde la comunidad nadie optará por la aniquilación de su propio devenir. Cuando se piensa y se actúa en contrario, como se ha hecho en los diferentes sistemas, ya se ven los resultados catastrófico a los que estamos llegando, y esto ocurre, entre otras, por dos razones: la primera, porque están puestos los intereses de una minoría en la acumulación y el goce de ésta, y la segunda razón, por el convencimiento de que sólo “nosotros sabemos” lo que los demás quieren y necesitan, y todo en el plano de la economía. ¿Mesianismo de izquierda y de derecha?
Todo lo anterior significa que hay campos estratégicos globales donde no se tienen políticas claras, discutidas y asumidas por la gente, como, a modo de ejemplo, sucede con las ramas de la economía que están directamente vinculadas al bienestar y la dignidad de las personas y que a la vez constituyen, en su desarrollo futuro, la posibilidad o no de prevenir y cuidar el devenir humano y el de la naturaleza. Así, tendremos que reflexionar y rediscutir sobre los recursos minerales; los pesqueros; los forestales, los energéticos, etc., etc. En una perspectiva política.
Los imperativos de hoy
Tenemos una Concertación totalmente agotada, amarrada y asfixiada por una Constitución y una institucionalidad capitalista neo-liberal heredada, imposible de romper, cambiar o modificar desde adentro; una derecha conforme y satisfecha con la administración del modelo e incapaz (por su propia naturaleza) de recoger el descontento; y una izquierda atomizada y pegada a la cultura del NO, sin una propuesta global e integradora para el presente y el futuro del país, sin liderazgo y sin la posibilidad de una orgánica articuladora de los cientos de demandas y de los movimientos sociales y políticos hoy existentes en todo el territorio nacional.
Muchas de las incapacidades de la izquierda obedecen, en gran medida, a otro fenómeno que sería muy largo explicar aquí, pero hay que constatarlo, reconocerlo y expresarlo: somos ególatras, nos “fagocitamos” entre nosotros mismos y somos profundamente anti-izquierdistas: todos los demás no sirven o le hacen el juego a alguien o a algo, o están derechizados; “solo mi grupo y yo” somos los que valemos y tenemos la “papa” y la patente de izquierda o de revolucionarios. (¡Qué buen trabajo ha realizado la ideología dominante!)
Dada esta situación en el Chile de hoy, creemos que una de las tareas más importantes corre por dos carriles que confluyen. El primero es insertarse en los diferentes colectivos y formar núcleos de discusión sobre las demandas más inmediatas y las visiones del país que se quieren o anhelan, y sobre qué caminos políticos se proponen para lograrlo. El segundo carril -y el más importante si queremos constituirnos como los articuladores de una nueva propuesta para Chile-, es ponerse a discutir y elaborar, recogiéndolo de la base social, un camino de ruptura institucional y constitucional con el actual sistema y modelo. Como dijimos anteriormente, no es posible hacerlo desde dentro.
En este punto caben algunas reflexiones y acercamientos al problema. Como sabemos, los cambios radicales se consiguen por el camino de las armas o por el camino de la política. Creemos que el primero, por las condiciones tanto mundiales como nacionales, está agotado y es inviable. El segundo camino, si bien es cierto que también ha conducido a profundos fracasos, éstos se han producido, a la luz de la historia, debido al sectarismo, el dogmatismo, el mesianismo, el vanguardismo; y, lo más grave, no se han construido desde las bases populares procesos profundamente democráticos.
Nuestro proceso debería apuntar en dos direcciones: la primera, hacia una nueva visión de la política, la cultura, la economía, etc., que quede afianzada en una nueva Constitución y en nuevas instituciones que aseguren un nuevo devenir para los seres humanos; y la segunda, hacia la elaboración de propuestas para esta nueva Constitución, y a base de estas mismas elaborar un programa mínimo que nos sirva en la primera etapa para aglutinar y acumular fuerzas para ir a la batalla final de construir un nuevo país.
Sólo a modo de ejemplo, en el plano estratégico, o sea, en el de una nueva Constitución, hay preguntas que tenemos que hacer en nuestro entorno de trabajo, y hacernos como colectivo:
- En lo político-orgánico
¿Que estructuras orgánico - políticas nos damos a nivel comunal, regional y nacional? De modo de asegurar una efectiva participación popular y democrática?
¿Congreso unicameral?
¿Consejos regionales autónomo en aéreas especificas?
¿Como y quienes participan en la Asamblea Nacional Constituyente?
- En lo Económico
¿Son todos los recurso naturales propiedad soberana de la nación? (forestal, minero, pesquero, hídrico, energético, etc.)
¿Puede y debe el estado crear empresas (como Codelco) para-estatales en sectores estratégicos?
- En lo social
¿La educación debe de estar orientadas estratégicamente por el proyecto país, o por las necesidades del mercado capitalista?
¿En función de lo anterior, debe ser una educación estatal y gratuita?
¿Los fondos de pensiones deben de seguir en manos de privados o dirigidos por el Estado hacia inversiones productivas nacionales que aseguren una rentabilidad digna?
Así, podríamos enumerar muchos ejemplos de los problemas existentes hoy, pero ¿como elaborar un programa que los recoja a todos y los articule entre sí hacia un proyecto estratégico?
Aquí está la intencionalidad de este escrito, que es que nos juntemos un grupo de personas, que sin importar procedencia, tengan estas mismas inquietudes y preocupación por el devenir de Chile y America Latina, y ganas de aportar con sus ideas y su trabajo.
Reflexiones
En esa línea, quisiéramos aportar preguntas, dudas y acercamientos que nos sirvan para iniciar la discusión, la clarificación de nuestras propias ideas y el esbozo de una propuesta programática.
Así como el capitalismo ha creado un sistema totalmente cerrado en lo político, económico, ideológico y jurídico, de la misma manera debemos de trabajar cada uno de los temas programáticos, articulados y compenetrados con cada uno de los otros temas y, a la vez, con el conjunto, con una visión libertaria, democrática y humanista.
Hemos intentado una pequeña subdivisión temática sin importancia jerárquica y abierta a otros temas o subtemas:
Poder político
Poder judicial
Ejército y policías
Sistema educativo
Recursos naturales
Medio ambiente
Pobreza, violencia, delincuencia y narcotráfico
Poder político
Qué sistema político podemos proponer que, por una parte, asegure la participación y decisión (poder) de la gente en su devenir, y no deposite ni en líderes, ni caudillos ni orgánicas la soberanía y el poder, y, por otra parte, qué instituciones proponer y discutir para consolidar esta opción política:
Regiones, comunas y comunidades
- ¿Actual división territorial o nuevas regiones y comunas? Considerando numero de habitantes, composición étnica, condiciones climáticas, situación geográfica, potencialidad económica, etc.
- ¿Nuevas comunas dividas en comunidades, pequeñas, fraternas y solidarias? ¿De dónde se generen las direcciones comunales?
- ¿En las comunas, concejales elegidos en las comunidades y alcaldes elegidos por toda la comuna y, todos según normas revocables?
- ¿Las regiones con cámaras legislativas con representantes revocables de las comunas?
- ¿Un poder ejecutivo regional (gobernador o intendente) elegido por todos los habitantes de la región?
A nivel nacional
- ¿Régimen presidencial, semipresidencial o régimen parlamentario?
- ¿Representantes parlamentarios desde las comunidades, comunas y regiones con domicilio real en ellas?
- ¿Toda representación, desde las comunidades hasta nivel nacional, revocables según ciertas normas? Determinadas por la propia comunidad.
Poder judicial
Sobre este tema, desde un punto de vista estratégico y desde una perspectiva revolucionaria y popular, por una parte se ha discutido y elaborado muy poco y, por otra, se lo ha dejado solo a los expertos, sin tomar en consideración lo que las personas, desde su ubicación más básica (comunidad), plantean al respecto.
Se tiende a olvidar que este también es un PODER y que por tanto también en una perspectiva de profunda democracia debe de plantarse una nueva institucionalidad que tienda distribuir ese poder o por lo menos que la sociedad tenga participación en su generación.
A modo de interrogantes se pueden hacer algunas para que los expertos, la militancia y las personas desde la base discutan:
- ¿existen conflictos que los pueden resolver las propias comunidades? Y no deriven a una burocracia lenta, costosa y engorrosa.
- ¿deben de existir cortes comunales, regionales, nacionales, de apelaciones, supremas, etc., etc.?
- ¿cuales serian sus competencias?
- Y lo más importante ¿como se generan y seleccionan los componentes de este nuevo poder judicial?
Sistema económico, medio ambiente y recursos naturales
Si bien es cierto que todos y cada uno de los temas están relacionados entre sí, creemos que estos merecen una reflexión en conjunto.
Siendo el capitalismo tan voraz desde sus comienzos, en esta última etapa se ha demostrado en toda su magnitud su barbarie, pues no solo sigue atentando contra el ser humano a través de la explotación, el hambre y las matanzas, sino que ahora se nota y conduce a la destrucción de la naturaleza y todo su entorno y por consiguiente del planeta.
Ante esto, creemos que es la sociedad en su máxima expresión, la política, la que puede ponerle atajo a tanta barbarie.
Y es el Estado democrático que postulamos como condensación de la sociedad el que tiene que participar, regular y apropiarse de ciertas aéreas de la economía, no solo por una sociedad digna sin el explotación humana, sino también por la continuidad de la especie y de la sobrevivencia de las futuras generaciones.
Como se puede apreciar, hoy el socialismo no es solo una cuestión ética y moral como era planteado por las diferentes corrientes derivadas de la matriz judeo-cristiana desde el siglo pasado, es también una solución lógica y racional a los problemas que ya esta enfrentando la humanidad y el planeta.
Siendo este nuevo Estado la condensación de la política, o sea, la representación de toda la sociedad, la economía debe de estar al servicio de la política y no al servicio de la acumulación. Si esto es así, es la sociedad quien mejor puede definir qué tipo de economía y qué tipo de crecimiento es el que necesita, en que pueda preservar el medio ambiente, puesto que ya no la promueve el lucro, sino el bienestar y el futuro humano. Esto, por tanto, hace necesario que todos los recursos naturales pasen a manos del Estado, para planificar el presente y el futuro de su uso y conservación.
Juan Silva
Miembro de la Comisión Programa IC